por Carla Sosa
Un grupo de jóvenes solidarios y un merendero móvil se ponen en marcha y salen a la calle.
Andrea es una chica de barrio, tiene 38 años, es enfermera asistencia. Un día decidió ir por un nuevo camino de desafíos y pruebas. Todo comenzó cuando vio la necesidad de poder ayudar a los habitantes de un asentamiento. Primero llevaba agua, ya que carecían de lo más básico y necesario. Luego sumó leche, facturas y terminó preparando comida.
Andrea recibe alimentos -frutas, huevos, etc- y ayuda de vecinos. También asiste a quiénes están enfermos y los orienta en sus tratamientos.
Hay un grupo de jóvenes que aporta su granito de arena, juntando frazadas, ropa y calzados para donar al merendero, que es móvil porque viaja por distintas zonas.
Andrea camina el barrio sin importar las zonas "peligrosas", las calles inundadas, incluso sale los días de lluvia para ayudar a las familias.
Está casada con un panadero que trabaja en San Justo, y desde su lugar de trabajo le donan facturas y pan que Andrea reparte junto a la comida para los vecinos.

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